sábado, 28 de junio de 2008

haybales







Si no es más que el mundo

que se pliega,

enredos de persiana

bajo el sol poniente,

el orden minucioso

escondido en la tarde

de unos linos revueltos,

como el sueño de un párpado.


Igual a la edad epicéntrica

de su sortija.

Tan pronto tan quieta

tan abatida.


Como si no hubiera prisa,

siquiera destino.

Su sombra es su motivo,

la única razón de su peaje.


Queda

el llanto vertebrado,

el pentagrama extendido

sobre un pedazo de tierra.


Las miro sin urgencia,

con paciencia de isla,

como el sedal transparente

que ha perdido su anzuelo.




Sorprendida en la costumbre de esperar

quedo sola, haciéndome,

como una espiral de paja que se anilla en su centro.

No hay comentarios: