martes, 9 de octubre de 2007

la cena


Hacia dónde mirar, en qué lugar de la mesa sentarse. Escoger del menú los platos, la bebida, para no caer en la monotonía, no aburrirse, no llenarse en exceso, y no acabar ebrio de intimidad o vino.
De qué manera matar la espera, el pan, las aceitunas.
Y otra vez, hacia dónde mirar, dónde dejar caer la vista.
De qué modo pausar la comida, cada sorbo de vino, cada bocado.
Conseguir durar más de media hora.
Observar.
Degustar cada sabor, cada olor.
Y abstraerse.
Sentirse bien en la soledad del restaurante, bajo la atenta compañía de personas desconocidas.
Cenar entre el silencio propio y las conversaciones ajenas. Detenerse en los diálogos o hundirse en un libro, o en la explicación de la cepa del vino impresa en la botella.
Durar.
Sentir el privilegio de estar sola.